miércoles, 4 de enero de 2012

La droga de la maternidad

Hoy quiero compartir mi experiencia con las drogas. De vez en cuando escucho grandes sandeces, a mi entender, rodeando este tema y me apetece hacer público un punto de vista distinto.
Para empezar yo creo que las drogas están en este mundo por algo. La naturaleza actúa en equilibrio y nunca hace nada por azar. Así que si existen plantas con efectos psicotrópicos es para y por algún motivo.

Hace unos 15 años pasé dos años consumiendo distintos tipos de drogas y no en ceremonias con un chamán, sino con los amigos adolescentes y en la discoteca.
Encontré en aquel momento un verdadero apoyo y un gran impulso para afianzar mi personalidad y vivir mi vida. Me explico, después de una infancia de abusos y faltas de respeto, después de no sentirme aprobada ni aceptada por nadie, a mis 17 mis niveles de ansiedad eran altísimos, casi insoportables.

A pesar de la prohibición y las advertencias de mis mayores fue fácil la decisión de probarlas: como todo lo hago mal, que más da que fume o que tome esto o aquello. Lo importante es que me hace sentir bien. Ese es el kit de la cuestión "sentirse bien". Yo no sabía lo que era sentirme bien, lo olvidé por el camino, extravié la alegría, la desinivición, la intimidad conmigo misma, el poder mirar hacia adentro.... Las drogas me mostraron el camino de vuelta, con ellas pude vencer la timidez, el sentido del ridículo, la vergüenza. Pude bailar a mi manera, reír, aflojar el control, mirar a los ojos de la gente, en definitiva ser yo.
Fue como una buena amiga que te acompaña de la mano.

Poco tiempo después pude comprobar que todo aquello que se despertaba en mi que yo achacaba al consumo, estaba dentro de mi. A partir de ahí fué muy fácil simplemente imité mi comportamiento. Era yo la que bailaba no la droga, así que sólo tuve que repetir lo que ya había hecho. Y funcionó. No volví a ser la misma. Gané en confianza en mi y en autoconocimiento.

No quiero hacer apología de las drogas está claro que crean adicción, que el ambiente qu elas rodea puede ser muy peligroso y que los síndromes de abstinencia son horribles. Yo misma, dos años después decidí que no podía continuar ese ritmo. Veía muchas cosas a mi alrededor que no me gustaban, yo misma no me gustaba a la mañana siguiente.
Las drogas en el marco de la sociedad de consumo y con los pocos recursos para su sustento emocional de los adolescentes criados en el patriarcado, pueden tener nefastas consecuencias, aunque no es así en la mayoría de los casos. Mucha gente las ha probado y no es adicta.

Cuando decidí parar no fue nada visible. Sólo una amiga (a la que estoy muy agradecida) vivió conmigo lo que estaba pasando. El síndrome de abstinencia me enfrentó cara a cara con lo que no había querido mirar, con esa ansiedad mía, con mi desamparo. Comencé a llorar mis tristezas, sostener mis emociones pero desde otro punto. Yo ya sabía que yo era mucho más, tenía mayor riqueza de experiencias y de autoconocimiento, podía conectar con el sentirme bien a través de una música o un recuerdo.

Ahora 15 años después viviendo mi primer puerperio, me siento superconectada con aquella época. El tiempo es una espiral y he vuelto a recuperar mis aprendizajes de aquel momento para pasar esta reválida.
El éxtasis del embarazo el parto y la lactancia exclusiva va hacia un lento declive. Las hormonas que bailaban y me hacían bailar lentamente se retiran para dejarme cara a cara conmigo misma, con el bebé y con el papá.

De la mano de las hormonas he podido subir y bajar en la montaña rusa emocional de la maternidad. He transitado de nuevo la sombra, mi soledad, mi abandono, mi desamparo con un bebé en brazos. He transitado la comunión total con este ser, el amor profundo e infinito, la perfección de nuestra fusión y nuestro enamoramiento, los despertares más alegres, todo aderezado con cantos, bailes, abrazos, bocados, besos, achuchones.... Ahora ya no necesito tanto las drogas que sabiamente me proporciona la naturaleza porque mi hijo me ha conquistado, el vínculo es fuerte y también porque todas las hormonas que han corrido durante 28 meses por mi torrente sanguíneo me han mostrado un camino. El camino de enaltecer el amor, de poner primero a mi hijo, de dar y dar, de sentir la locura dentro de mi y expresarla a través de palabras inventadas porque se queda pequeño el diccionario para decirle a mi hijo lo que siento por él.

Ultimamente he conocido a Bianca Atwell, es artista y divulgadora científica. Sus ponencias han sido muy inspiradoras para mi y quiero compartir este vídeo dónde habla sobre las plantas Enteógenas e inteligencia vegetal.

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