La tele, el colegio y en general el pensamiento occidental no permite a nadie cambiar, los malos son malos y los buenos, buenos. Por supuesto los malos merecen la muerte y ser bueno es perfectamente compatible con ser asesino (si al que asesinas es malo, claro). Esta forma de ver al ser humano y de concebir el mundo es limitante, no reconoce que el bien y el mal, si es que existen, puedan convivir en una misma persona. Que una misma situación o aspecto a priori juzgado como malo pueda verse con el tiempo como lo contrario. Las polaridades son necesarias para la comprensión del todo pero no deben verse como compartimentos estancos, las fronteras se diluyen dependiendo del observador, del momento o de muchos otros factores.
En nuestra sociedad, a muchos niños se les llama malos con naturalidad, digamos que por costumbre. Te dicen en la cola del supermercado, que niño más mono ¿es bueno o malo?
Suelo quedarme atónita ante esta pregunta y me cuesta reaccionar porque para mi malo, malo...me viene a la cabeza Chuky (el muñeco diabólico)....y no me entra en la cabeza que un niño pueda ser así. Realmente es ficción, no existe nadie así, completamente malo.
Es frecuente que un niño escuche que es malo unas cuantas veces en el transcurso de su infancia. Ese mensaje entra en su subconsciente. Los niños primero escuchan la palabra y después buscan significado. Aprenden frente al televisor, viendo al malo malísimo de la película, serie o dibujos animados como es ser malo y puede darse el caso de que se identifiquen con ese personaje porque anteriormente alguien en quien confiaban les dio la denominación. Muchos son los casos que descubren años después en terapia este tipo de identificaciones. Personas que no pueden tener una vida plena, porque viven con culpa por ser malos y dañinos, sin serlo. Simplemente porque alguien a quién amaban les llamó así y le creyeron.
El que se identifica con el bueno no lo tiene mucho mejor, debe andar salvando a todos, agradando a todos, haciendo el "bien" (el bien aceptado socialmente), diciendo que sí a todo, muchas veces a pesar de sus necesidades y deseos. Dejemos de ser buenos y malos para ser nosotros mismos.
La palabra tiene mucho poder y la palabra dicha a un niño tiene más aún. Invito a cuidar nuestro lenguaje ante los niños y especialmente cuando las dirigimos hacia ellos precedidas de un "tu eres".







