miércoles, 9 de noviembre de 2011

Miércoles mudo :: con palabras...



Foto encontrada en internet.



viernes, 4 de noviembre de 2011

Estamos leyendo :: Libros infantiles

El siguiente artículo forma parte de la iniciativa Estamos Leyendo, un Carnaval de Blogs iniciado porAmor Maternal para fomentar la lectura con los hijos y recopilar libros con historias positivas.

Estamos Leyendo. Carnaval de blogs de Amor Maternal


Me ha parecido super interesante y constructiva la propuesta de Louma de Amor maternal y me he animado a participar. Todavía Martín es muy pequeño y no leemos muchos libros. Nosotros no tenemos tele y somos muy sensibles a la violencia. Por lo que tenemos muy claro que queremos historias positivas que llenen su inconsciente de optimismo, confianza en sí mismo, imaginación y autoestima. Se sabe que el inconsciente opera en el 80% de nuestras vidas y es responsable de la mayoría de nuestras decisiones sin darnos cuenta. He escrito anteriormente sobre el tema en el post
"El poder del inconsciente"

Prefiero las historias de fantasía dónde se viven aventuras en mundos extraños y desconocidos. Eso les expande su capacidad de imaginar posibilidades para sí mismos y confío en que cuando tengan un problema sean capaces de usar la imaginación para crear y encontrar soluciones.

Volviendo a la televisión, el otro día en casa de los abuelos vi una serie llamada "Pepa Pig" y me pareció limitante para el ávido cerebro infantil, describe las mediocres aventuras de una familia normal, en casa, en la guardería, en el supermercado...Normaliza una vida mediocre. Es mi opinión.

En una de sus películas el doctor Deepak Chopra afirma que piensa que el éxito en su vida se gestó en su infancia mientras su madre le leía los textos sagrados de Bhágavad-guitá, mientras escuchaba se identificaba con los personajes y se imaginaba viviendo esas aventuras.

Los libros que quiero recomendar hoy son los dos infantiles de Wyne Dyer:

¡Eres increíble! y ¡Nada me detiene! , del Dr. Wyne W. Dyery Kristina Tracy, Sabai Ediciones, 2010.

Son libros con muy poca lectura, llenos de ilustraciones alegres, contienen mensajes claros, cortos y motivadores. Los considero alentadores y capaces de nutrir la autoestima y la confianza en las capacidades del niño.
Este tipo de afirmaciones positivas en primera persona dentro del inconsciente infantil tienen un inmenso poder para crear vidas felices y prósperas.

Si tienes algo que aportar sobre el cuidado del inconsciente infantil son bienvenidos tus comentarios. Gracias.



viernes, 28 de octubre de 2011

Chupa y calla


Como me alegro de que Martín nunca haya tenido un tapón para la expresión de emociones como el que muestra la imagen. Dicen que es más fácil criar a los niños con uno, pero me consta que es mucho más difícil vivir si lo has tenido en tu infancia.

Yo soy el vivo ejemplo de esto. Cada vez que me encuentro en una situación dónde tengo que hacerme valer, ser firme, poner límites y mantenerme en mi sitio y por lo que sea no lo consigo (generalmente miedo al rechazo) suelo estar al día siguiente con dolor de garganta o afonía. ¿Habrá alguna relación con el chupete?

Cuando el niño pide brazos o presencia materna (necesidades básicas), o cuando expresa cualquier tipo de incomodidad o dolor a través de la única herramienta de la que dispone para manifestárnoslo "el llanto" y recibe como respuesta un "no llores acompañado de un trozo de goma en la boca", el mensaje que recibe es: LO QUE TÚ NECESITAS NO IMPORTA.

Así aprendemos a desconectarnos de nuestras necesidades, a ponernos en último lugar, a no hacernos valer en situaciones que nos violentan o nos humillan (que se dan muchísimo dentro de este sistema patriarcal y jerarquizado).
Así aprendemos a obedecer al maestro, a no rechistar, ni discutir aunque nos parezca absurdo lo que dice el jefe, el profesor, el cliente, el funcionario, el político...
Así aprendemos a callarnos y aguantar, en lugar de pedir y reivindicar. En lugar de decir NO al abuso de poder, a los trabajos absurdos y sin sentido a cambio de dinero, a las necesidades impuestas, a separarnos de nuestros hijos a los cuatro meses para hacer trabajos que no tienen nada que ver con nuestra esencia, a que nos impongan parir como, donde, cuando y con quién otro decide.
Así aprendimos a ser espectadores pasivos ante la caja tonta que nos adoctrinó en los valores que quiso el gobierno de turno. Así aprendimos a tragar sin reaccionar.
Así se fabrica gente que no denuncia ni grita, que no sale a la calle a mostrar su inconformismo en época de cambios sociales. Así vivimos rodeados de personas que se creen insignificantes, desconocedores de su ilimitado potencial y su gran fuerza. Así empieza la adicción a la aprobación del otro y el miedo de perder la poca libertad que nos permitimos.

Ese miedo es real, es un miedo que quedó preso en el cerebro de un bebé, es una conexión neuronal en la que estamos atrapados porque se hizo en un cerebro sin madurar, sin más posibilidades, sin capacidad de gestión emocional. Cuando el miedo nos atrapa, nos sentimos paralizados, impotentes y se activan los mecanismos de supervivencia. Comienza a regir el cerebro reptil que sólo permite tres reacciones: bloqueo, huida o parálisis.

Ahora tenemos poder, somos adultos y tenemos muchas más neuronas, podemos conexionarlas de otro modo, podemos gestionar nuestro miedo...hemos madurado. A veces, seguimos dejando que aquello que se grabó en la etapa primal se apodere de nuestras vidas y nos paralice, bajo la creencia subyacente de que no valemos, de que no somos importantes.

La gran noticia es que nuestro cerebro es plástico, podemos cambiar, podemos reinventarnos, podemos ser y vivir como decidamos. En la era de la conciencia. los genes se transforman contigo y las neuronas se regeneran.

También puede interesarte el artículo de "El chupete por Ileana Medina"

domingo, 23 de octubre de 2011

El derecho de la mujer a envejecer

Extraído del blog: Reverenciando nuestra feminidad
Fuente original: http://smoda.elpais.com

La moda se hace mayor
22/11/2011. Los cánones estéticos están cambiando, incluso en la red. Mujeres de más de 65 años reivindican su derecho a ser referentes de estilo.


Algo está cambiando en la industria de la moda. Cada vez más mujeres se están liberando de encorsetamientos sociales arcaicos como la edad. La presencia de la modelo británica Daphne Selfe sobre la pasarela de la Semana de la Moda de Londres en 1998 marcó el pistoletazo de salida de una nueva tendencia que celebra la belleza y el estilo de musas mayores de 65 años. «No tuve mi primera gran oportunidad en la industria hasta que cumplí los 70», confiesa Selfe. «Cuando me llamó mi agente para desfilar, me quedé atónita. Ahora hay muchas otras modelos mayores, e incluso una agencia especializada», explica. En el año 2000 vimos a la legendaria Carmen Dell’Orefice desfilando para John Galliano. Tenía entonces 69 años. Apenas dos años después volvió a pisar la pasarela de París en el primer desfile de Jean Paul Gaultier para la maison Hermès. Como ella, la pasada temporada otoño-invierno 2010/11, la danesa Gitte Lee se convirtió en el centro de todas las miradas al protagonizar la campaña de Céline con 75 años. «El estilo no tiene edad», asegura la veterana modelo.

Este otoño, a sus 90 años, otra mujer se ha convertido en la última musa de la moda y de la cultura popular norteamericana: Iris Apfel. «Soy una starlet geriátrica, querida», le contó a Ruth La Ferla de The New York Times. «De la noche a la mañana me he convertido en lo más. Tengo hasta un club de fans». En 2007, Iris posó ante el objetivo de Bruce Weber para Vogue Italia. Ahora, convertida en la protagonista del último documental de Albert Maysles –realizador de la cinta de culto Grey Gardens (1975)–, Apfel fue también la invitada de honor de la fiesta que celebraron el pasado 13 de septiembre, durante la Semana de la Moda de Nueva York, dos anfitriones de excepción: la bloguera de 15 años Tavi Gevinson –editora de la revista online Rookie Magazine (rookiemag.com)– y el fotógrafo de street-style Ari Seth Cohen, fundador del blog Advancedstyle.com, una página web con fotos de octogenarias anónimas con estilo. «Hace tres años me mudé a la Gran Manzana y allí descubrí a mujeres independientes, elegantes e inconformistas, que cambiaron mi visión de la edad», confiesa Cohen en una entrevista en exclusiva para S Moda. «Para ellas, la moda es una forma de expresión, que no está sujeta a las tendencias, sino a su personalidad. Son mujeres activas, con experiencia, que conocen muy bien su cuerpo y saben qué les favorece. No sienten la necesidad de impresionar a nadie. Se visten solo para ellas».

«Hace tiempo que defiendo que las mujeres no tienen edad… o, por lo menos, no una edad definida por la biología», nos cuenta Roberto Verino. «Hay mujeres con más de 60 años capaces de mostrar su estilo de una manera que transmite sorpresa, emoción y seducción. La gente joven reconoce en ellas una actitud ante la vida que admiran. Su determinación es sentirse guapas y no renunciar a ser libres», dice el diseñador gallego. «La moda es una catarsis en muchos sentidos», cree también Iris Apfel. Para la jovencísima Tavi Gevinson, los retratos de Ari hablan de aceptar la vejez no solo a nivel personal, sino también cultural. «John Waters afirma que el único modo de rebelarse hoy a través de la moda es combatir la frenética actitud antienvejecimiento que prevalece en las revistas y en la cultura de la fama actual», publicó la precoz editora en un post a principios de septiembre. Para Gevinson, las imágenes del blog AdvancedStyle.com son la mejor inspiración. «Recomiendo echarle un vistazo», añade. Esta fascinación intergeneracional explica el auge actual del vintage entre las jóvenes y el éxito de exposiciones sobre iconos de ayer, como la que acogerá en noviembre el London College of Fashion, en Londres, en honor a Carmen Dell’Orefice y su contribución a la moda.


«Ahora una mujer a los 60 años está espléndida y puede permitirse vestir con diseños que antes no habría llevado». Ángel Schlesser

«Me encanta conocer a gente joven y ver el mundo a través de sus ojos», dice Dell’Orefice.
«David [Dowtown –comisario de la exposición–] es mi conexión con la estética actual. El mundo se ha transformado de mil y una formas distintas a lo largo de mi vida; y los amigos que conocí en mis primeros años de trabajo –Irving Penn, Richard Avedon y Cecil Beaton– han muerto. Para mí, es un regalo conocer a alguien como David a mi edad». Las fotos de Carmen Dell’Orefice son el mejor testimonio visual de cómo han evolucionado los cánones estéticos a través de la historia. «La ropa es el mejor reflejo de una sociedad… y de una persona. Es el vehículo perfecto para explicar quién eres», afirma Iris Apfel. «Toda mi vida he dado forma a mis propias prendas y joyas. Algunas las he confeccionado yo misma; otras las he encargado. Puedes crear piezas maravillosas. Solo necesitas un poco de imaginación. Todos tenemos esa creatividad cuando somos jóvenes y desarrollamos nuestros talentos. Pero, desgraciadamente, muchos la pierden con los años», explica Apfel.

«No es una cuestión de atrevimiento ni de osadía. Ni siquiera es una cuestión de estilo, sino de forma de vestir, que ha evolucionado notablemente en las últimas décadas, tanto por la agilidad de la comunicación –omnipresente en la sociedad actual–, como por otro factor importantísimo, que es la cultura del cuerpo», reflexiona el diseñador Ángel Schlesser. «Ahora una mujer a los 60 años está espléndida y puede permitirse vestir con diseños que antes no llevaría por dos razones: una, por el físico; y otra, porque quizá la sociedad, de alguna forma, retiraba a la mujer de la vida pública a determinada edad», apunta el creador español.

A pesar de la obsesión actual por la eterna juventud –que asocia la belleza adolescente a sinónimo de éxito–, poco a poco los estereotipos están cambiando. Hoy la arruga no solo es más bella que hace 20 años, sino que comparte protagonismo sobre la pasarela con melenas canosas, como las que vimos en el desfile de Jean Paul Gaultier. Sus modelos pisaron la pasarela con pelucas violáceas, azuladas e incluso blancas, en homenaje a musas veteranas del celuloide como Helen Mirren, Judi Dench o Vanessa Redgrave. «La cirugía no impedirá que envejezcas», asegura la modelo Daphne Selfe. Y el mundo de la moda empieza no solo a aceptarlo, sino a celebrarlo.

domingo, 16 de octubre de 2011

Reeducándome en el optimismo

Hoy quiero compartir dos vídeos inspiradores y motivadores. Sobre el optimismo, el poder de nuestras creencias, de nuestros pensamientos positivos, de enfocarnos en lo que queremos. Este es un conocimiento que hace mucho tiempo que adquirí, lo dudé y lo comprobé hasta creerlo totalmente. Aún así mi mente fue entrenada en la carencia, la limitación y en la negatividad, así que constantemente busco y encuentro libros, vídeos, personas y situaciones que me recuerden y me renueven este aprendizaje hasta llegar a una integración total.
Yo quiero educar a mi hijo en la abundancia y en la positividad, quiero que su inconsciente esté lleno e creencias optimistas, que viva en la totalidad de las posibilidades y no tengo otra forma de enseñarle que integrando en mi vida este saber, dando ejemplo, observándome, poniendo conciencia en mis actos y palabras, cambiando.

¿Optimismo o realismo?


Will Smith - Ejemplo de vida

miércoles, 12 de octubre de 2011

El patriarcado y la ciencia: el ejemplo de la medicina

Hoy, para participar activamente en la revolución de las rosas de los miércoles, transcribo un fragmento de un artículo publicado por Joaquín Hortal Carmona en la revista Quillotro. Contiene una valiosísima información para todas las mujeres, habla sinceramente de la inutilidad de muchos procedimientos rutinarios y del ensañamiento de la medicina hacia las mujeres. Este valor se ve incrementado porque el autor es médico. Las nuevas generaciones de médicos tienen una visión más crítica. Espero que este sistema siga mutando gracias a todos los que queremos cambiar el mundo.

El machismo y la ciencia: el ejemplo de la medicina

Con la intención de añadir un nuevo punto de vista, yo haré alusión a la relación de la mujer con la nueva religión del s. XXI: la ciencia, y más en concreto la medicina. Me explico: digo lo de nueva religión porque las promesas que otrora hacían los curas de transcendencia y vida tras la muerte, ahora las hacen los médicos y médicas: la transcendencia en vida, la invulnerabilidad, la vida pseudo-eterna ya no son cosas de sotanas sino de batas. Pese a que nos declaremos cristianos en altos porcentajes, ante la enfermedad los dioses se quedan a un lado y la creencia se centra en la medicina con una ceguera tal que no somos capaces de distinguir sus inmensas limitaciones. Así, si bien coincido con Isidora en que la religión ha dado cobertura moral y legal a la discriminación de la mujer en nuestra sociedad en el pasado, hoy día su poder es muy limitado, y destaca la forma en que la ciencia es ahora la que es capaz de perpetuar las estructuras machistas. Aunque esta discusión tiene muchas aristas.

Mientras la medicina se adueña de la fe, la sociedad se medicaliza hasta el absurdo de no creernos sanos hasta que el médico o médica nos lo certifica. La mujer, muy por delante del varón, es la víctima propiciada de los excesos de medicalización de nuestra sociedad y de eso podemos aportar muchas y lamentables muestras.

Pongamos un primer ejemplo de encarnizamiento de la medicina con la mujer: el embarazo. Las que habéis estado embarazadas o lo estáis en este momento lo sabéis: analítica antes de la 12, la 16 y la 28 semanas de gestación, ecografías en la 12, la 22 y la 32, correas en la 38-40, estreptococo y coagulación en la 36, matrona o enfermería en la 8, la 16 y la 28, médico de familia en la 16 y 24 y 36, la tensión, el peso, … y lo que se me olvida. Y todo para una situación ¡absolutamente normal! ¡absolutamente fisiológica! como es el embarazo. Conozco muy pocas enfermedades que se les haga un seguimiento analítico tan violento durante 9 meses, y, mira tú, ¡el embarazo no es una enfermedad! El problema es la escasa base científica de tanta prueba. La OMS recomienda una sola ecografía en todo el embarazo: las mujeres pudientes salen, fácilmente, por 6-8 (las de la seguridad social y las del ginecólogo/a recomendada por la suegra, amiga, prima, etc); pero es que no hay pruebas científicas de que sea necesario hacer ni siquiera esa única ecografía en todos los embarazos: realmente solo habría que hacerla en embarazos de alto riesgo. Y como esto el resto de intervenciones: analíticas, toxoplasma, y no sigo… La mayoría de estas intervenciones van dirigida a detectar malformaciones y así decidir si abortar, pero es que a la mayoría de las mujeres ni siquiera se les pregunta ¿abortaría usted? Porque de no estar dispuesta a abortar, ninguna de estas intervenciones tiene sentido.

Otro ejemplo: la mamografía. Hablemos de números: para detectar un único cáncer de mama curable es necesario hacer 10.000 mamografías a 2.000 mujeres durante 5 años. Hasta aquí perfecto: si hay que hacer 10.000 mamografías y salvamos una vida, nada que objetar; pero no podemos olvidar que la mamografía tiene efectos secundarios. Así, a 200 de esas 2.000 mujeres la mamografía les dará una imagen sospechosa sin tener cáncer (falso positivo): se les realizará una biopsia, tendrán estrés emocional, ansiedad, depresión, baja laboral, tensión con su pareja, con sus hijos…, todo innecesario, hasta que el resultado de la biopsia les diga que no tienen cáncer. Pero peor aún, a 20 de esas 2.000 mujeres, la biopsia también les dará un falso positivo y se les extirpará un pecho, se les administrará quimio y radioterapia sin tener cáncer. ¿Y si una de esas 20 mujeres muere en la intervención? ¿Estará justificada la vida que se ha salvado con las 10.000 mamografías? A casi la mitad de las mujeres que os exponéis entre los 50 y los 70 años a una mamografía cada dos años os van a decir un día que os ha salido algo en la mamografía que hay que biopsiar, y vais a sufrir innecesariamente hasta que os digan que no era cancer… que deciros de perder un pecho innecesariamente. La mamografía disminuye la mortalidad por cáncer de mama, sí, pero de forma muy limitada, del 0,5% al 0,4%, y sus efectos colaterales son tan graves que no compensan la intervención. ¿Por qué entonces se siguen haciendo mamografías? ¿Por qué esa apología de la mamografía tan violenta que sufren las mujeres por parte de todas las administraciones? ¿Por qué este encarnizamiento gratuito con la mujer? Mi conclusión no es que se retire la mamografía pero sí que se os informe a las mujeres de a que os arriesgáis cuando decidís haceros una mamografía y que así decidáis libremente hacerla o no.

Y otro ejemplo: la citología no ha demostrado disminuir mortalidad por cáncer de cuello de útero en la mujer, como tampoco lo ha demostrado hasta el momento la vacuna del papiloma virus, mientras que ambas intervenciones tienen efectos adversos: ¿Por qué entonces se hacen? El papiloma virus también se ha relacionado con el cáncer de pene, ¿por qué no se recomienda vacunar a los varones? La base científica es la misma: mínima hasta el momento.

Y otro más: La menopausia se quiso convertir en una enfermedad tratable por los sofocos, sequedad vulvar, depresión, etc. Así, a finales de los 90 médicos/as de familia y sobre todo ginecólogas/os decidieron sin ninguna base científica tratar a todas las mujeres menopáusicas con hormonas. La consecuencia fue un reguero de mujeres muertas por cáncer de mama provocado por estos tratamientos hormonales: el tratamiento se retiró y hoy día solo está recomendado en pacientes ¡enfermas! y por un tiempo inferior a 3 años: ¡Y de esto sólo hace 10 años!

Y más: ¿A alguna de vosotras os han dicho alguna vez?: “Cómo tienes “X” años y no te ha visto nunca un ginecólogo”; seguro que todas la habéis escuchado alguna vez. La respuesta es fácil: “¿Para qué?, si yo no estoy enferma, ¿por qué habría de verme un ginecólogo?”

Y que decir de las enfermedades diagnosticadas hasta 10 veces más en mujeres que en varones: la depresión o la fibromialgia. En general trastornos con un gran componente cultural y que la medicina remedia con fármacos de dudosa eficacia, frecuentes efectos adversos y pingües beneficios para la industria farmacéutica.

Y no termina aquí, hay más actuaciones médicas dudosas sobre las mujeres: el tratamiento de la osteoporosis o el uso injustificado de aspirina para prevenir los infartos.

La excesiva medicalización de la sociedad afecta a mujeres y varones, pero, el trato que la medicina da a la mujer y el varón es distinto, es asimétrico, es mucho más agresivo para la mujer. Cánceres mucho más frecuentes en varones y también mucho más mortales, como es el cáncer de pulmón, se han mantenido alejados de intervenciones preventivas sin base científica como fueron las radiografías en el pasado o el TAC a todos los fumadores en el presente. Y es curioso que una prueba que sí ha demostrado disminuir mortalidad por cáncer de colon, como es la determinación de sangre oculta en heces cada dos años a partir de los 50, no tiene ni la mitad de promoción por parte de los medios que la mamografía o la citología (aunque últimamente he visto un par de veces al ex-torero Ortega Cano recomendándola en televisión).

Una excepción en el varón: se ha hecho durante años y aún hoy persiste la determinación del PSA y el famoso tacto rectal para el cáncer de próstata: sabemos que ni uno ni otro disminuyen mortalidad por cáncer de próstata y hay que huir de ambas intervenciones con carácter dañino: ¿Cuántas próstatas se han biopsiado y operado innecesariamente por un PSA elevado?

¿Por qué se ensaña la medicina con la mujer? Propongo una interpretación de esta agresión médica a la mujer que está en la línea del materialismo histórico: en nuestra economía de mercado la medicina, el acto médico, es un producto de consumo más, con su demanda, su oferta y su precio. De forma cultural, en la sociedad machista, la mujer tiene asignadas diversas tareas: la gestión de las labores del hogar, la educación de los hijos, el cuidado de los mayores… etc, y también la salud familiar: la mujer tiene grabada la función de cuidadora de todos. Al ser la mujer culturalmente más sensible al producto médico, el mercado sabe a quién dirigirse, y por tanto la oferta médica es más amplia y encarnizada sobre el consumidor principal: la mujer. Esa actitud del mercado hacia la mujer, que está legitimada como decía Maeda por la democracia, perpetúa esa asignación de tareas a cada género, es decir, perpetúa la sociedad machista.

Para terminar una conclusión: si yo fuera mujer y estuviera o me sintiera sana, jamás me acercaría a una médica o a un médico. Y si fuera mujer y me sintiera enferma, preguntaría, y mucho, antes de aceptar pruebas diagnósticas o tratamientos; trataría de obtener suficiente información para libremente decidir sobre mi salud.

Por: Joaquin Hortal Carmona