martes, 27 de abril de 2010

La semilla

Mandala "La semilla by Concha Morgades".

Si queréis ver más: www.artesencial.com



domingo, 18 de abril de 2010

Maternidad consciente

Fui una niña sin instinto maternal, en mi infancia jugaba y soñaba con ser mayor y volar lejos. Mi deseo era salir de allí y vivir mi vida.

No fue hasta los 20 años que realicé un trabajo de limpieza de la infancia y la adolescencia, dónde tuve la oportunidad de revivir mi propio nacimiento y sanarlo emocionalmente. Era un grupo de unas veinte personas, parecía que nacer, para la mayoría, había sido una bonita experiencia. Yo conecté con unas emociones tan intensas de abandono y miedo que sólo se escuchaba mi llanto desesperado y mis gritos en la sala. Lloré, lloré, lloré acogida por un paciente abrazo que me acompañó en mi sanación y en la expresión del dolor. Allí fue dónde me di cuenta que algo no estaba bien en mi nacimiento, y a partir de aquel día me interesó la maternidad. Se despertó en mi un gran instinto y una gran sed de conocimiento.

Hasta entonces no me había cuestionado nada en lo que se refiere al nacimiento y a la maternidad. De niñas vemos que los muñecos vienen acompañados de complementos como carritos, biberones, chupetes…También nos explican que nacimos en el hospital, para la comodidad de los adultos y para no enfrentar sus prejuicios sexuales, siempre evitando nombrar la palabra vajina se nos explicaba de tal forma que creíamos que es más normal una cesárea que un parto natural. Tuvimos muñecas embarazadas que parían por la barriga. La televisión se ocupó de mostrarnos a las parturientas dando gritos de dolor, tumbadas boca arriba y en la máxima pasividad, mientras esperaban que un doctor les extirpara al bebé cómo quién extirpa un tumor.

Todas estas imágenes han normalizado prácticas que no son para nada normales. Doy gracias porque el encuentro con mi instinto maternal se dio a los 20 años y pude explorarlo desde la adulta, con acceso a otra información y sobre todo lejos de la familia. Comencé mi investigación en mi propio nacimiento, yo ya sabía algunos detalles y era de sentido común apreciar que había sufrido, pero nunca se me mostró como un nacimiento traumático, ni difícil y aún menos como algo importante para mi vida. Por la ignorancia de mis propios padres.

Mi madre fue anestesiada, con anestesia total, lo que significa que yo también en cierto grado. Gracias a este adormecimiento no tuve la suficiente valentía para continuar mi viaje por el canal del parto y con una ventosa me sacaron. Mi cabeza quedó totalmente desformada y mi ojo izquierdo estirado y fuera de su sitio. Quizá por eso desarrolle el doble de miopía en mi ojo izquierdo que en el derecho. Lo que yo registré en aquella regresión más que el dolor físico fue un intenso dolor emocional, una gran sensación de abandono, de soledad. El pensamiento era “mi madre se ha ido, no hay nadie que me acoja, me voy a morir”. Este sentimiento se ha repetido innumerables veces y yo misma sin darme cuenta he creado y recreado abandonos, uno detrás de otro, sobre todo en mi infancia, mi adolescencia y primera juventud. También me contaron que pasé tres días y tres noches llorando y por supuesto separada de mi madre. Allí viví una gran muerte espiritual, allí perdí mi fe y confianza en la vida, en Dios. Algo que he tenido que trabajar mucho para recuperar, soltar el miedo y volver a confiar, dejar de controlar para que llegue la comprensión de que lo que acontece tiene un sentido, la fe en mi y en la vida. Allí se forjó parte de mi personalidad, las inseguridades, el miedo a que los demás no me quieran y me abandonen, la personalidad agradadora porque allí aprendí que la estrategia del llanto no funcionaba o sea la expresión de lo que necesito, mis demandas no eran importates.

Explico todo esto para mostrar como un momento cómo el nacimiento puede marcar las pautas de toda una vida y hay quién jamás despierta a esta realidad. El nacimiento es sagrado y me siento como mujer con la responsabilidad y el inmenso poder de proporcionar un nacimiento respetado a mis hijos y de compartir con todo el que lo desee mi experiencia.

Es de vital importancia que las mujeres nos replanteemos la maternidad y todas las prácticas que la rodean. Dejarnos llevar sin conciencia por lo que dice la sociedad no nos ayuda a nosotras, ni a nuestros hijos, ni a la evolución de este mundo. Además son modas y van cambiando, la conexión con nuestra intuición y sabiduría femenina no pasa de moda.

Mi invitación es a conectar con nuestra propia infancia, con nuestro nacimiento, con lo que necesitábamos. No necesitábamos chupetes que nos taponaran las emociones, no necesitábamos que nos atiborraran de comida para desconectarnos de lo que sentíamos o para que no expresáramos lo que nos pasaba, no necesitábamos paseos en carrito, ni nos gustaba despertar en la cuna y descubrir que no había nadie a nuestro lado. Sí necesitábamos el calor de nuestra madre y de nuestro padre, su mirada, sus abrazos, la leche materna en el momento y cantidad que necesitábamos, su presencia…

Desde que estoy embarazada se han avivado muchos recuerdos de infancia, entre ellos uno que me sirve de gran inspiración, el ser que más me sirve como ejemplo en mi transitar por la maternidad es mi perra de infancia "Perla". Tengo tanto que agradecerle... fue y es una gran maestra para mi. Me vienen tantas imágenes, claro, tenía un embarazo por año, así que estaba prácticamente maternando siempre.

Me acuerdo de verla tumbada al sol con su barriga enorme, solo hacía comer y dormir. Prácticamente como yo estoy ahora.

Para parir, se buscaba un sitio oscuro, silencioso, íntimo unos días antes lo preparaba. También yo me encuentro en esa tesitura ahora, he seleccionado cuidadosamente a las personas que van a estar en mi parto, he escrito un plan de parto con todas mis voluntades para que se nos trate de un cierto modo a mi y al bebé, he decido que el lugar es mi casa, procuraré mantenerla cálida y en penumbra, y estoy procurando que todo esté como yo quiero para ese momento. Lo que si me distingue de mi perra y por lo que estoy muy agradecida es porque el padre está a mi lado, protegiéndonos y cuidándonos. Hoy se sabe que todas estas condiciones son las que favorecen la segregación de la oxitocina (la hormona que desencadena el parto), desde luego el frío del quirófano, las luces intensas, el transitar de desconocidos y la falta de respeto a la voluntad de la verdadera protagonista del parto sólo favorecen el dolor, amen de la postura, la inmovilidad, la vía en la vena...

Una mañana me llamó mi padre y me llevó hasta el escondrijo de mi perrilla, ya tenía varios cachorros pero en aquel instante vi salir uno más. Vi como salía fluidamente mientras ella lo ayudaba y a la vez lo limpiaba con la lengua. No percibí ningún tipo de sufrimiento en aquel acto. No había dolor, era algo suave, natural incluso placentero. Yo la recuerdo satisfecha de estar haciendo lo que tenía que hacer, también recuerdo haberla visto disfrutar de tener varios perrillos mamándole. Nadie le dijo que los malcriaba durmiendo con ellos, ni dándoles presencia continua, ni dejando su pecho a su disposición y libre administración. Si no le llevábamos comida no salía a comer y para hacer sus necesidades se alejaba lo más mínimo corriendo a toda velocidad en un momento en que no hubiera nadie cerca. Era una madre maravillosa. No se complicaba, sabía que en ese momento tocaba criar y eso es lo que hacía, sin pensar en lo que debería estar haciendo, es un tiempo limitado y lo más sabio es disfrutarlo.

No se apartaba de sus cachorros ni un segundo y los perrillos sólo necesitaban lo que su madre les daba, calor, la seguridad de su cuerpo, su leche. La gran revolución de la crianza natural “leche materna a demanda, colecho y porteo”. El gran descubrimiento de las madres avanzadas de nuestra época.

Quizá el mayor de los aprendizajes que me regaló fue el momento del desapego. Cuando los cachorros ya comían por si solos y podían moverse con agilidad. Cuando ella sabía que era el momento les sacaba los dientes y les gruñía cuando intentaban acercarse para mamar. No había sentimientos de culpa, ni había generado dependencia de sus hijos poniendo sobre sus espaldas expectativas para su vejez, no se había identificado con el papel de ser sólo madre, ella no perdía su identidad, sabía continuar su vida sin sus crías, siempre con la satisfacción de haber hecho lo correcto en cada momento, de haber creado seres capaces de emprender sus propios caminos. Cuando llegaba el instante justo les hacía el mayor regalo que una madre puede hacer a un hijo después de la vida, "la libertad". Gracias Perla. Y gracias o todos por leerme.

jueves, 1 de abril de 2010

Muerte y nacimiento

Voy paseando por un camino, es un camino ascendente, cada día voy un poquito más lenta, cada día más consciente de las limitaciones de mi cuerpo y el bebé cada día es más fuerte y yo le satisfago un poquito menos sus necesidades de espacio y movimiento. Va pasando el tiempo y el diseño del embarazo es tan perfecto que tanto el bebé como yo vamos sustituyendo el miedo por el deseo, por la curiosidad de como será conocernos, conocer el nuevo mundo que nos espera. Cada día que pasa los dos tenemos más ganas de llegar a lo alto de la montaña donde los dos sabemos que nos espera un precipicio del que sabemos que tenemos que saltar. Las incomodidades se hacen más presentes. Este es el componente fundamental de todo cambio, si mi cuerpo no me lleva a este límite y si el bebé no llega al límite de su incomodidad sería imposible saltar al vacío. Nos espera un vacío fértil, un final, un principio, la muerte y la vida.

Antes de dar ese salto, voy subiendo cada vez más cargada con una mochila de pasado que se remueve, se ordena y se desordena, se revisa, se organiza, se elabora y se torna consciente durante estas 40 semanas. Mi corazón ha crecido, he guardado dentro la fuerza de nueve reglas y otra alma habida en mi vientre, me siento fuerte y con los ojos del alma más abiertos que nunca para ser honesta y hacer esta revisión de mi vida. Todo lo que está en la mochila se irá con la placenta, conscientemente suelto el miedo, la culpa, la crítica, el resentimiento y la rabia. Para desplegar las alas del amor y acoger a un nuevo ser, sé que tengo que soltar todo esto. Quiero sentir mi parto, quiero sentir mi cuerpo, quiero ser consciente de qué me ocurre y que el bebé también lo sea.

Esta es mi decisión y a pesar de todo siento miedo, he profundizado mucho en este miedo y la conclusión es que el miedo último es a la muerte. Todas hemos oído que muchas mujeres morían de parto y eso está ahí, especialmente si como yo, vas a parir en casa. El miedo a la muerte se esconde detrás de todos los miedos y esto lo han sabido desde siempre las escuelas iniciaticas de todas las épocas. En las escuelas de misterios Egipcias, los iniciad@s tenían que enfrentarse a este miedo de distintas formas. Para acceder al templo de Comombo tenían que tirarse a un estanque lleno de cocodrilos y sin vacilar bucear hasta el fondo para pasar por un túnel oscuro que les llevaba al interior del templo. Si vacilaban y se quedaban en la superficie chapoteando perdían la vida. La prueba definitiva se daba en la gran pirámide dónde con los ojos vendados el iniciado era metido en un sarcófago sin saber hasta cuando, ni si podría respirar. Evidentemente estaba ventilado pero tenía que permanecer tres días y tres noches dentro, según ellos es el tiempo necesario para tocar los miedos más profundos e inconscientes. Sólo enfrentando el miedo se accede a la verdadera vida, a la libertad, al amor. A partir de aquí tenían acceso a otros niveles de conciencia.

He decido vivir el embarazo como una iniciación, enfrentarme a todos mis miedos, dejar morir el miedo, dejarme abrazar por la muerte, por la pérdida de control para nacer a la vida, a la libertad y al amor, sólo pasando por algo así, podré conectar con el alma de la que voy ha hacerme cargo. Sólo con amor, conexión e intuición podré ejercer la maternidad que él necesita. Sólo muriendo al pasado podré dar la bienvenida a mi nueva vida, a este gran cambio y sobre todo abrirme a un nivel de conciencia superior dónde creceré en amor, en entrega, en compasión y en libertad. Gracias por la atención.

Para terminar aquí os dejo una conferencia del Doctor Jorge Carvajal, conocido por muchos como cirujano de almas. Para el que no sepa nada de él, es licenciado en medicina y cirujía, ha sido profesor en varias Universidades de Medicina e inventor de la medicina sintergética. Él se define como "carpintero de la conciencia". Lo que más me gusta de él es que práctica la curación holística, no distingue cuerpo, de alma, de espíritu, aborda la medicina desde esta conciencia de totalidad. Y en la medicina que practica nunca resta sino que va sumando, puede responder a un problema con cirugía, con fármacos químicos, con hierbas medicinales, homeopatía, técnicas bioenergéticas o combinando todas estas disciplinas. Espero que lo disfrutéis:

LA MUERTE Y EL SENDERO DEL APRENDIZ



Para el que le interese pongo los links para continuar en Youtube:

viernes, 26 de marzo de 2010

Feliz Semana Santa !! Feliz Feminidad !!

Mandala "el templo sagrado by Concha Morgades".

Si queréis ver más: www.artesencial.com


Como es sabido, todas las festividades religiosas judeo-cristianas de las que hoy disfrutamos son transformaciones de lo que en otro tiempo fueron fiestas paganas. Con estas transformaciones hemos ido perdiendo gran parte de un conocimiento ancestral y sobre todo la conexión con el planeta, con la tierra. El calendario gregoriano es una de las herramientas que sirvió para prolongar este alejamiento y desnaturalización. Este calendario no sigue los ciclos del planeta, hay que hacer ajustes todos los años para que siga siendo válido, cada cuatro años hay que sumar un día completo, lo que a mi entender es bastante desfase. Por mencionar otro de los puntos por dónde cojea esta forma de medir el tiempo podemos observar los nombres de algunos meses: Septiembre (es el mes 9 y se ve claro que proviene del 7), Octubre (8), Noviembre (9), Diciembre (10).

Existen propuestas para instaurar el calendario 13 lunas de los Mayas que es uno de los más estables y precisos que existen. Los ciclos del planeta, al igual que los ciclos femeninos (menstruación, embarazo...) se rigen por la luna. Es de sentido común medir el tiempo siguiendo los ciclos de nuestro satélite.
También en las raíces de nuestras palabras podemos encontrar síntomas de que en otro tiempo, la medida del tiempo se basó en los ciclos lunares, por ejemplo:
Menarquia proviene del griego y se traduce como primera luna.
En Latín la palabra "mensis" significa mes y luna. Es la raíz de la palabra menstruación.

Volviendo al tema de la Semana Santa, indicar que es la única festividad que nos queda que se rige por los ciclos lunares. Siempre es la primera luna llena después del equinoccio de primavera. En su origen la pascua era una fiesta pagana que celebraba la feminidad y el huevo es un símbolo que representa el útero femenino.

Por esos procesos de la vida, intencionados o sincrónicos, la celebración de la feminidad se ha transformado en el ritual más violento, castrador y mal entendido del catolicismo. En algunas partes del mundo, año tras año se reproduce la pasión de Jesús, mientras las mujeres lloran vestidas de Manolas (lloran por el olvido de lo que significa la feminidad). Se alarga el tiempo de sufrimiento para que el sentimiento de culpa entre más y más profundo entre los feligreses. En mi opinión el mensaje más interesante de la Semana Santa es la resurrección y esta es la única y verdadera celebración. Metafóricamente se está escenificando el dolor que significa tanto para hombres como para mujeres la perdida y negación de la energía femenina, de la conexión con la naturaleza, con el planeta, con los astros... Para acabar en positivo diré que a pesar de todo también cala en nuestro subconsciente el mensaje de la resurrección.

La energía y la fuerza femeninas están resucitando en estos momentos, todo es cíclico y el mensaje de la resurrección, nos invita a conectar con la verdadera espiritualidad, nos saca del egocentrismo y del materialismo para mostrarnos la conexión con otras dimensiones, nos da la esperanza de que nada termina, y nos invita a sentirnos acompañados por algo más grande que nosotros. Lo lograremos conectando de nuevo con los astros y con la Tierra.
Gracias por la atención.