martes, 23 de abril de 2013

La rabia como aliada de la salud de las mujeres


Aprendí que la madre es el timón de la familia cuando mi madre enfermó. Más tarde me convertí en madre y descubrí que me había convertido en el centro de la familia y que si yo estaba bien todo estaba bien. Ahora vuelvo a tomar conciencia de esta realidad con mi suegra ingresada en el hospital.

Cuando la madre falta en casa deambulamos sin saber a donde por pasillos y registramos confusos los armarios de cocina, nos vemos obligados a espabilar, a encontrar las cosas sin preguntar, a dejar de escurrir el bulto para que ella lo haga después, tenemos que limpiar lo que ensuciamos.

Me parece que las mujeres tenemos tendencia a sobrecargarnos con el cuidado del hogar y de la familia. Creo que por dependencia al protagonismo que ejercemos cuando tenemos pequeños a nuestro cargo, algunas creamos dependencias a nosotras, a nuestros cuidados, a nuestra presencia. Hay un afán de control que proviene de la falta de autoestima que la sociedad patriarcal imprime en lo mas profundo de cada mujer. Por no soltar el cetro de poder asumimos tareas que nos sobrecargan, nos negamos a delegar y a permitir que las cosas no se hagan a nuestra manera. La sociedad y los papeles que atribuye a las mujeres no ayuda mucho. Además ahora nos obliga a tener dos trabajos, uno fuera y otro dentro de casa.

Esa sobrecarga junto con la represión, la falta de libertad, los embarazos, partos sin conciencia de nuestro propio cuidado y crianzas intensivas en soledad. Vidas dedicadas en exclusiva a los demás. Sumado a las creencias desvalorizadoras, rabia acumulada y resentimiento por la violencia que toda niña y mujer soporta nos lleva a enfermar.

Mi madre tenía 70 años cuando sufrió un ictus que la tiene en una silla de ruedas, con pañal y casi sin conocer a su familia desde hace ya 5 años. Mi suegra con poco más de 60 tiene pancreatitis, piedras en la vesícula y problemas cardiacos. Mis tías y muchas de las mujeres de esta generación han sufrido extirpaciones de vesícula, vaciados de todo su aparato reproductor, problemas en la matriz y/o viven atadas de por vida a una caja de pastillas para la tensión, el colesterol, el azúcar, la tiroides... Las farmacéuticas se frotan las manos cada vez que nace una niña.

He investigado sobre los problemas en la vesícula y he descubierto, además de que es una enfermedad de mujeres mayoritarimente, que tiene como causa principal la represión del enfado, de la ira, de la rabia… Nos enseñan a ser niñas “buenas”, dulces, complacientes, a callarnos, a reprimir nuestros deseos. ¿Hasta cuando vamos a seguir volcando nuestra inconformidad y nuestra ira sobre nuestros propios cuerpos?
El periodo premenstrual es un buen aliado para pedir, exigir y ponernos en nuestro lugar. La rabia no desaparece reprimiéndola, usémosla! que si la tenemos es para algo, no estoy hablando de violencia, sino de ponernos en nuestro sitio. Explico cómo en los textos de la Agenda.

Y yo me pregunto qué ocurre en los cuerpos de las mujeres, veo a las mujeres de mediana edad por la calle y siento el dolor en sus cuerpos, percibo esa vida de sobrecarga, en la que no se han permitido el descanso o la protesta ante una vida de  servidumbre impuestas. Veo cuerpos rígidos, artríticos, pesados, con dificultades de movimiento, sin flexibilidad. No creo que la enfermedad no deba existir y tampoco afirmo que los hombres están muy sanos, pero los cuerpos de las mujeres arrastran un gran peso, continúan su quehacer a pesar de las llamadas de atención de su salud. ¿Quién cuida a las mujeres? ¿Cómo de enferma hay que estar para permitirse pedir cuidados? Nos cuesta ver nuestros límites y sentirnos merecedoras de amor y de cuidados. Mientras no seamos nosotras las que nos cuidemos, las que nos paremos, las que descansemos, las que pidamos, las que deleguemos, las dejemos las cosas sin hacer o las que gritemos ¡Basta! nadie lo hará.

Yo me ayudo de mi ciclo menstrual para darme cuenta y tomar acción ¿Cómo te cuidas cuando estás desbordada? Tu experiencia puede valernos a las demás. Si quieres, deja tu comentario.

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2 comentarios:

  1. Hola laura: Es muy interesante lo que escribes, yo tambien percibo los cuerpos hiperbloquedados como bombas a punto de estallar.Hay una anecdota curiosa que nos contó un osteopata en un curso,la mayoria de las mujeres sobre los40- 50 comienza a tener dolor en el hombro,coincide esta epoca con el sindrome del nido vacio, que no es mas que el ala del pajaro (brazo en la madre)que debe dejar volar a sus crias pero no quiere, no puede, no entiende por que hacen esto asi o asa, y las mujeres , ademas de otras partes del cuerpo crean mucha tension reprimida en su ala, aquella que antes protegia ,mandaba, dirigia, acariciaba, pero ahora ya no sirve para controlar.
    un besin
    aida
    PD:cuando siento que mi cuerpo esta acelerado , muchas veces por el motor de mis pensamientos, puedo realmente percibir como mis celulas vibran mas rapido y hasta que no me tumbo y siento mi eje(cuerpo) no consigo volver a mi.

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  2. Aida, que interesante lo que decía el osteopata, se complementa con algo que me dijo una amiga. Que cuando te duele el hombro es porque tienes ganas de pegar a alguien! Enlaza también con la violencia reprimida que va en contra nuestra. En fin.
    Siento no haber contestado antes, estoy teniendo problemillas con internet y puedo conectarme poco.
    Gracias por el comentario y un abrazo

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